miércoles, junio 19, 2013

Microrelato sobre los trenes y el paso del tiempo




Hace unos días publique el microrelato que presenté este año al concurso de Renfe. Como el resultado no me gustó mucho, lo he ampliado para intentar explicar un poquito lo quería, el paso del tiempo, los momentos importantes de nuestro viaje personal y como los trenes son una metáfora perfecta para lo que pasa en nuestras vidas.




La primera vez que cogí el tren no os conocía. Llovía mucho aquel día en el que, solitario y destronado, crucé el país. Dije que sí a los auriculares y desplegué mis cromos por la bandeja, en un intento desesperado por no perder la magia. La pregunta, mental por mi prudencia, siempre era la misma ¿Cuánto falta para llegar? Arena y molinos, guerra que no va a ganar, siempre me ha parecido una historia triste, pero, por fin, el ritmo de la sucesión de escenas se congeló, y de un salto enorme pisamos tierra firme.

No me gustaría exagerar pero pasé catorce años en aquella estación, protegiendo mi maleta, esperando. Perdí en aquel sitio todos mis cromos, viendo como el /paso del tiempo- desaliento impedía los goles a esos héroes de otra época. La magia, supongo, se quedó en stand-by, guardada en aquel equipaje que ardía en deseos de volver a viajar.

Recuerdo la fotografía del día que te conocí. La estación, iluminada y radiante una hora antes de partir, parecía que esperaba tu belleza. A partir de ese día, me enseñaste los mejores trenes, esos que nos llevaron entre montañas.

Debo reconocer el ritmo lento, a veces, de Talgos sin ganas de rodar, en esos inviernos que pase contigo. Pero la imagen que sobresale es la de tus ojos de color incierto en las azoteas de aquellos trenes que usamos para escapar, desnudos viendo películas clásicas, como si nada importase.

Todo nos llevó hasta este mismo instante. El vagón está lleno, solo estáis vosotros dos, y digo no a los auriculares escuchando vuestras risas, esa música que me recuerda que el viaje empieza ahora.

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